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A Federico

Dos de los poemas dedicados al poeta al final de mi novela El Sueño de Granada



Duerme en tu yunque
de plata gitana
que la luna te aguarda
para llevarte verde a su cama,
a dormir con ella
en el reflejo del agua,
donde naranjas camborias navegan
y ella se peina de fría plata.

Mil claveles rojos cubren tu pecho
y adornan tu hermosa cara.
Miles de voces en silencio
te  lloran desde Granada.

Duerme en tu yunque
de alma gitana
mientras los negros,
con sus martillos,
te rezan, lloran y callan.

                           La muerte le habla.




Las cumbres mantienen el luto
de la Granada nazarí
mientras lloran en la primavera
que no te volverá a ver.
Los nuevos brotes crecen
alimentados por tu sangre
y por la de otros tantos que murieron
por envidias y falsos rumores.
Los árboles se nutren de tu arte, de tus letras,
de tantos versos que no pudiste regalarnos,
de la tinta de tus lágrimas
que ahora son los ríos
que cantan en las fuentes de la Alhambra
y la apartan de su amado Albaicín.
Canto de poeta que siempre
nos llevará en su recuerdo,
en la plaza de Santa Ana,
en tantos puentes que cruzaron
sobre el Darro y el Genil.
Hijo de la vega,
donde aun contemplas tu ciudad amada
con sus cumbres nevadas
regalándonos con su brisa tu historia,
aquella que nunca será olvidada,
aquella que compartió destino
con tantos hijos de tu amada Granada.
A ti, poeta, amante del verbo,
a ti que bendijiste con tu sonrisa tu amada tierra,
a ti que tanto te debemos,
a ti que sólo puedo dedicarte estas letras.

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