Ir al contenido principal
Bienvenidos a mi nuevo blog, donde os comentaré todo el trabajo que voy realizando artísticamente, al igual que os presentaré los libros que iré leyendo y otros eventos culturales que vaya descubriendo.
¡¡¡Empezamos una nueva andadura!!!!

Comentarios

Entradas populares de este blog

El niño del río

El Niño del Río (El secreto del guardián del castillo)             De no hace mucho, de cuando yo era un crío, casi como tú, con mi sonrisa de niño, que fue cuando mi abuelo me contó esta historia al calor de un brasero lleno de cisco, mientras mi abuela majaba unos ajos para hacer gazpacho en un dornillo. Con su voz gitana, que lo recuerdo muy bien, me llamó y me dijo:             ‑ Niño, ¿tú sabes por qué dentro de la cueva no hace tanto frío?             ‑ Claro que lo sé, abuelo, por el carbón encendido, que nos mantiene calentito.             ‑ Qué va chiquillo. Mira, toca este muro alberizo, que la caló sale de él y en verano nos mantiene fresquito.             ‑ ¿Pero eso cómo va a ser, ...

Primer capítulo de La cocina de los mortales

Mi madre, la mejor cocinera             No es que quiera decir en este capítulo que mi madre sea la mejor cocinera, que para mí lo es, y eso es indiscutible. Que sí, que para cada uno su madre es la mejor cocinera, y no es porque la miremos con buenos ojos, sino porque seguramente es quien nos ha alimentado durante gran parte de nuestra vida. Pero lo dicho, como mi madre ninguna. "- Oye, ¿en tu casa rezáis antes de comer? - Que va, mi madre sabe cocinar"             Es raro que quien sepa cocinar algo no le haya preguntado a su madre, o a la abuela incluso, cualquier duda, desde el tiempo de cocción de los huevos duros hasta los avíos de un cocido o un puchero. Pero ¿qué pasa cuando le preguntamos algo más específico? Ya aparece el típico " Hijo, yo que sé. Yo le echo una pizca de tomillo". Y el que dice una pizca también dice un pellizco, un chorrito, unas gota...

Maxoú, el niño luna

  Maxoú, el niño luna                         — ¿Papá, por qué aúllan tanto los lobos? —preguntó Maxoú a su padre desde la cama.             — No son lobos, mi niño. Aquí ya no hay lobos desde hace muchísimos años — su padre le explicó—. Son los perros que le hablan a la luna.             — ¿Que le hablan a la luna? —preguntó Maxoú asombrado y un poco incrédulo—. Pues más que hablar parece que le gritan, anda que no hacen ruido. ¿Y por qué le hablan a la luna? —preguntó ya curioso.             — Pues mira, le hablan a la luna pidiéndole, con sus aullidos, que si puede hacer el favor de bajar hasta donde la luna se encuentra con aquellos riscos —dijo su padre señalando por la ventana— y así poder hablar...