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Novela sin título (capítulo primero)

Capítulo 1             Pocos recuerdos arrastro de mi infancia en tierra natal, Carmona, ya que con tan solo tres años la abandoné para trasladarme a la capital del antiguo reino de Sevilla. Fue el mismo año en el que nuestro reino se rompió en provincias, en 1833, cuando el rey Fernando VII falleció dejándonos a una niña como reina, Isabel II, y a un hermano tocapelotas lampando por la corona, que si poco tuvimos con los franceses ahora nos tocarían los alzamientos de los carlitas, aunque de eso poco sufriríamos por el sur. Fue el mismo año en el que marché de allí de la mano de mi madre, una joven viuda, para que contrajera matrimonio en segundas nupcias con D. Luis Contreras i Vergara, un indiano retornado y medio nieto de tierras serranas allá por Aracena, dueño de amplios viñedos y una bodega entre Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda, herencia de su difunta madre. Un hombre un tanto estúpido y con muchos aires d...

El niño del río

El Niño del Río (El secreto del guardián del castillo)             De no hace mucho, de cuando yo era un crío, casi como tú, con mi sonrisa de niño, que fue cuando mi abuelo me contó esta historia al calor de un brasero lleno de cisco, mientras mi abuela majaba unos ajos para hacer gazpacho en un dornillo. Con su voz gitana, que lo recuerdo muy bien, me llamó y me dijo:             ‑ Niño, ¿tú sabes por qué dentro de la cueva no hace tanto frío?             ‑ Claro que lo sé, abuelo, por el carbón encendido, que nos mantiene calentito.             ‑ Qué va chiquillo. Mira, toca este muro alberizo, que la caló sale de él y en verano nos mantiene fresquito.             ‑ ¿Pero eso cómo va a ser, ...

La cocina de los mortales, cap. 2

¿Por qué mi perro está gordo?             Realmente este no es el caso de Tara, mi perra de aguas, que de paso ya os digo que es una preciosidad. Pero más de uno habrá visto que su perro, o el de algún amigo, está gordo, gordo como un sollo, es más, redondo, cilíndrico.             "Pero si yo nada más que le pongo pienso y se lo tengo controlado, ¿cómo podrá ser?". Deja de tener tontas reflexiones y mejor ponte a mirar al resto de la familia a ver si todos están igual de gordos o más. Si no es así deberías empezar a hacerte algunas preguntas y mirar por debajo de la mesa del comedor de vez en cuando. Quizás estén todos gordos menos uno y el perro no se separa de él cada vez que todos os sentáis en la mesa a comer. Es que si hay algún canijo o dos entre gordos está claro que tu cocina no les gusta y al perro sí. Por eso deberías vigilar un poco más algunos aspectos de...

Un gato bajo la lluvia

Hoy siento más nuestra distancia, la noto oprimiendo mi alma, hace que mi corazón tiemble, quiere transformarse en una lágrima, la siento hacerse más grande, encadenada a mi garganta, ya siento que tus caricias se desprenden de mi espalda, que mis manos se vuelven vacías, temblando nerviosas, gastadas. Siento tan grande esta distancia que ni en nuestra luna hallo la calma, donde ya los sueños duermen, donde la ilusión y el silencio juegan, donde tu mirada está callada. Cuando la piel calla y los versos sangran lágrimas de sal amarga. Cuando habla la mirada con miles de sentimientos que duermen en la distancia. Cuando la letra tiembla con el roce de una palabra y las manos aman. Cuando el tiempo falta y se hace tan eterno que duele más que tu ausencia. Cuando todo esto pasa la soledad y el silencio regresa mientras mi corazón piensa y llora mi alma. No hay playa que no quiera visitar ni amanecer que no pueda ...

Locura intransitoria

Locura, locura que emerge con cada caricia tuya, locura que habita en un cruce de miradas nuestras, locura que se alimenta a dentelladas con los besos que gritan en el alma, locura que electrifica las yemas de mis dedos cuando se hunden bajo tu piel, locura que se derrama cuando una sonrisa me arrancas, locura insana que envidias ajenas desata, locura, locura, locura, intransitoria, irreflexiva, imperativa, locura que en mi vida habitas, locura que en mi corazón descansa, locura que me regalas, locura, tú, siempre mi locura. Tenía en los pies diez minutos y una eterna excusa en su sonrisa que siempre convertía cualquier esquina en un minutero que nunca avanzaba. Tenía junto al pecho la piel tatuada y sobre su corazón dormía una margarita, que con los latidos lentamente se moría y con cada golpe del reloj se deshojaba. Tenía un no sé y un ya se verá en la mirada y un desdén que al alma del enamorado irrita, con la p...